Reikjavik es la capital de Islandia, pero es una capital muy singular, ya
que tiene
las ventajas de las grandes ciudades (moderna, cosmopolita, con una gran
oferta
cultural, animada y con unos servicios públicos que son la envidia de
todas las
demás capitales europeas), pero también tiene las ventajas de un pueblo:
aire puro,
ambiente tranquilo, ritmo pausado, naturaleza al alcance de la mano, mar y
montaña….
Los islandeses disfrutan de un bienestar social que les
sitúa entre los principales
países del mundo y su alfabetización es del 100%, en su mayoría son
bilingües
(Islandés e Ingles), aunque para trabajar en puestos de turismo,
información,
hostelería, etc. les piden un mínimo de tres idiomas.
El centro urbano de la capital ocupa una extensión reducida, ideal para
recorrerlo a
pie. Se extiende a orillas del lago Tjorn, en el espacio comprendido entre
la orilla
norte del largo y el puerto. En esa zona se encuentran los edificios mas
interesantes y los lugares históricos mas significativos. En una ciudad
que incluso
en sus momentos de más bullicio será un remanso de paz. La calle
Laugavegur en la
zona comercial, aunque no encontrará grandes almacenes o centros
comerciales al
estilo de otras grandes ciudades, pero sí hallarás establecimientos
interesantes y
con artículos propios de la tierra.
En cuanto a los lugares que visitar, sin duda las mejores vistas de la
ciudad las
encontraras en la “Cúpula del Perlan”, que con forma de observatorio
astronómico,
cuenta con un amplia terraza que rodea la cúpula principal y de la que se
disfruta
de una de las mejores vistas de la ciudad. Por otro lado en su
restaurante, se puede
degustar un bufete no muy caro (teniendo en cuenta que es una de las
capitales mas
caras del mundo) con platos típicos islandeses bajo las estrellas; alberga
además el
museo de “The Viking Saga” y próximo a sus aparcamientos tenemos la
oportunidad de
disfrutar de un Geyser (artificial) donde se explica como es el
funcionamientos de
estos fenómenos naturales.
Cuenta con una bonita catedral Hallgrímskirkja, que tiene la curiosidad de
contar
con bancos de respaldos móviles (hacia el frente o hacia la entrada) de
tal forma,
que se puede oír la misa y si posteriormente hay un concierto de órgano,
basta con
manipular el respaldo de sus asientos y quedaran todos de frente a la
entra. Su
interior es totalmente austero, solo destaca su órgano justo encima de la
puesta de
entrada y como no, su campanario al que pagando una módica cantidad se
puede subir y
del que también se puede disfrutar de una magnifica vista. Pero el símbolo
de la
ciudad, sin lugar a dudas, es “La Barca del Sol”, una escultura de un
barco vikingo
metálico situada en la orilla del mar que se ha convertido en uno de
los lugares
mas fotografiados por los turistas.
Son varias también las ofertas que esta ciudad hace de diferentes museos
(de los que
no hablaré pues no tuve oportunidad de visitar ninguno debido al poco
tiempo que
pudimos dedicar a esta ciudad), sin embargo, si les puedo recomendar
especialmente
para los amantes de los volcanes, es un pequeño cine particular, donde
podemos ver
una o varias películas de las últimas erupciones de la isla que son un
verdadero
espectáculo, no se dan en español, pero las imágenes vale la pena verlas.
Muy nombrado también es el “Bar de Hielo”, sin embargo, yo no lo
recomiendo. No se
si fue el momento en que acudí (que era fiesta en la ciudad y todo el
mundo estaba
en la calle), pero lo del bar fue una estafa, nos cobraron unos 10 euros
con derecho
a un cóctel y en realidad nos metieron en una nevera un poco grande cuyas
paredes
estaban decoradas con bloques de hielo, y nos dieron un baso bastante
pequeño de una
especie de vino con casera que fue un poco ridículo.
Reikjavik es una ciudad para caminar con tranquilidad, para pasear y
disfrutar de
sus gentes, lástimas que todos la tomemos como un lugar de paso de la que
emprender
nuestra ruta para el resto de la isla, si se animan a visitarla,
dedíquenle al menos
un día, no les pesará.