Tanto me habían hablado de la Catedral de Burgos, que aunque mi destino
final era
otro, no pude pasar por esta bonita ciudad sin detenerme para visitar este
espectacular monumento arquitectónico del arte gótico, que tan bien
merecido tiene
ese título de “Bien Cultural del Patrimonio Mundial” concedido por la
UNESCO en
1984.
Llegamos en una tarde que amenazaba tormenta, pero esto no restó belleza
al lugar.
La entrada a la Catedral cuesta unos 4 euros por persona, pero sin duda
merece la
pena pagarlos y disfrutar detenidamente de todos sus espacios y contribuir
además a
su mantenimiento y restauración.
Ni que decir tiene, que hablamos de un templo vivo, dedicado al culto, por
lo que
los visitantes deben ser especialmente respetuosos a la hora de visitar
determinados
rincones. De la catedral podemos destacar varias partes: Las Agujas de la
fachada
principal, El Cimborrio, La Capilla de los Condestables de Castilla, la
Escalera
Dorada y las diferentes salas dedicadas a las reliquias y joyas, además de
contar
con unos patios interiores realmente hermosos. A mi personalmente, me
llamo mucho la
atención la “Escalera Dorada”, que según leí en los folletos que te
dan con la
entrada, tiene su origen en el hecho, de que el lugar elegido para
construir la
catedral, se encuentra en la misma falda de un cerro, por lo cual existe
un gran
desnivel entre la ladera norte y la ladera sur que esta más baja, por lo
que
tuvieron que hacer esta escalera para poder acceder al templo por la
Puerta de
Coronería, y aunque la primera escalera construida era románica, la actual
corresponde a un proyecto que Diego de Sileo realizó en 1519. Su
cúpula también es
de gran belleza como podrán comprobar en las fotos. Destacar también la
facha de la
catedral, mirándola se comprende que se tardaran 544 años (de 1221 hasta
1765)en
construirla.
Por otra parte, para el viajero cansado, la plaza que rodea la catedral se
encuentra
llena de mesones y restaurantes en los que se pueden degustar las
especialidades de
la tierra, no nos podemos marchar del lugar sin al menos probar las
exquisitas
morcillas de arroz de Burgos, su cordero horneado y su especial
repostería.
Lo dicho, no podemos pasar por Burgos sin parar y visitar al menos su
impresionante
Catedral. Sin duda, es una visita obligada.